Ventajas de tener largas patitas
Me habían hablado soberanamente bien de este autor de resonante apellido. Muy bien, vamos.
Y ha sido abrir esta fresquísima reedición de Tusquets y disfrutar como un loco con el ritmo, el humor, la inteligencia, la crítica mordaz, el estilo y la gracia que Orejudo insufla a los quijotescos personajes que pueblan este libro-prisma. Hablamos de siete capítulos o historias cortas aparentemente independientes pero con nexos esquizofrénicos (y esta palabra no es casual aquí) que harán las delicias de más de uno.
Comienza el libro con "El casamiento engañoso" y la sonrisa se ladea desde la primera proposición. Le siguen "Las personas", con la Feria de Frankurt y una editora muy especial, y volamos justo después con "Coprofilia", magistrales ambos en su composición. Me quito el sombrero gatuno ante "Depresión postesquizofrénica", posiblemente la mejor historia de un escritor español que he leído en mucho mucho mucho tiempo. Sublime, certera, muy Haneke meets Berlanga cinematográficamente hablando, perfecta. Continuamos con "Transtorno paranoico de tipo somático", "Acatisia" y el cierre redondo con el homónimo "Ventajas de viajar en tren" y la demostración de cómo algo que parecía casual, arbitrario, tirando a (de nuevo) esquizofrénico, se cierra con un broche de auténtico maestro.
Ventajas de leer (y descansar) en cualquier parte (y de cualquier manera)
Locura, lucidez, suplantación de personalidad, identidades cruzadas, caca, culos, basuras sabiamente guardadas, sexo extraño, perros y comerciales de enciclopedias, Orejudo es brillante, un maestro de las palabras y de personajes inolvidables como Helga Pato, Martín Urales de Úbeda, Ander Alkarria y Míchel. Y Galapagar, y los trenes, esos maravillosos trenes que no son más que las sinapsis cerebrales de este cuadro de personajes que conforman un delirio lingüístico de mucho enjundia, una recomendación para todo amante de la literatura con mayúsculas, un regalo para cualquier club de lectura, un obra ante la que sólo puedo maullar incesantemente.
¡Bravo, miau, Orejudo forever!
¡Yo también soy Orejudo!





